El aceite de oliva es denominado como “oro líquido”, un producto estrella de la gastronomía mediterránea muy valorado por sus características y propiedades saludables, siendo en la actualidad la única grasa que puede considerarse como cardiosaludable y etiquetarse como tal. Desde el consumo en la alta gastronomía a la cocina familiar, se considera un elemento básico para elaborar cualquier tipo de receta. Sin embargo, esta valoración como alimento saludable en ocasiones no va acompañado de un reconocimiento al esfuerzo y dedicación que hay para su fabricación y surgen polémicas alrededor de su precio.

Según uno de los últimos informes del Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada, el consumidor español se muestra extremadamente sensible a los precios del aceite, que está siendo sometido a un proceso de banalización al ofrecerse tradicionalmente por las cadenas de distribución, incluso en sus versiones top de calidad, aceites extra-vírgenes, como producto reclamo para el consumidor, lo cual daña su imagen y le resta el valor que realmente merece. Por este motivo es muy importante tener en cuenta todos los elementos y factores que intervienen en el proceso de producción de aceite de oliva para valorar tanto su contribución a una alimentación saludable como su impulso al mercado laboral de numerosas zonas rurales.
Empleo
Regiones enteras dependen del desarrollo del aceite de oliva, también decenas de miles de agricultores e incluso cooperativas agrarias. En la actualidad, más de 350.000 agricultores se dedican al cultivo del olivar, el sector cuenta con alrededor de 15.000 empleos en la industria y genera en torno a los 32 millones de jornales por cada campaña, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Estas cifras indican que el cultivo del olivar, en todas sus etapas, es uno de los grandes motores de empleo y desarrollo del país, especialmente en las zonas rurales.
Territorialidad
Desde un punto de vista territorial existe un gran número de comarcas en España, sobre todo en Andalucía, donde el cultivo y la producción del aceite de oliva conforman una gran comunidad agroalimentaria que, en muchas de estas zonas, condicionan el modelo de desarrollo territorial, la gestión de los recursos naturales y el sistema de organización social.
En base a esto, en numerosos territorios están surgiendo nuevas oportunidades laborales relacionadas de manera indirecta con el sector y que están contribuyendo a generar nuevas formas de valor. A los ya conocidos empleos que dependen directamente del cultivo del olivar se suman nuevas vías de negocio vinculadas al turismo, el comercio y la distribución.
El escenario que crea el sector del olivar en los territorios favorece a la fijación de la población en estos entornos rurales y, en consecuencia, ayuda a darle un impulso a las localidades en riesgo de despoblación.
Investigación y desarrollo
El cultivo del olivar es una de las bases de la agricultura de España y cada vez cuenta con una mayor importancia social y económica. Se ha demostrado que el aceite de oliva aporta un gran número de beneficios para la salud y por este motivo se ha convertido en un elemento muy importante para la investigación en el terreno sanitario y, en consecuencia, el desarrollo de tratamientos.
Según algunos estudios elaborados por expertos, el aceite de oliva puede ayudar con ciertas patologías como el cáncer o las gastrointestinales. También es beneficioso para el sistema cardiovascular, la hipertensión, artritis o diabetes.
Entorno natural colindante
En la actualidad, el olivar abarca 2,75 millones de hectáreas y este tipo de cultivo está presente en 15 comunidades autónomas, con mayor presencia en Andalucía, que es la región de mayor producción con 1,67 millones de hectáreas, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
La importancia ambiental del olivar también es muy relevante, especialmente en términos de conservación de suelo, secuestro de CO2, biodiversidad y creación de paisajes agrarios de gran valor.
Sin duda, los olivares son el espacio ideal para conservar la biodiversidad del entorno convirtiéndose en un gran refugio para diversas especies de aves, abejas, hormigas o incluso plantas. Los olivares en España son muy ricos en biodiversidad pudiendo encontrar aves tales como las perdices, faisanes o garzas. También se pueden ver zorros, conejos o jabalíes, sin olvidar los campos de colmenas.
De hecho, el Consejo de Patrimonio Histórico ha elegido el paisaje del olivar de Jaén como nueva candidatura española a la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.
La imagen del país
Gran parte de la imagen internacional de la marca España y la imagen de Andalucía se asocia de manera directa con el aceite de oliva. Hoy en día, el aceite es el tercer producto agroalimentario más exportado por el país con más de 150 lugares de destino.
A nivel mundial, España es el primer exportador de aceite y estas exportaciones suponen alrededor del 65% de la comercialización total.
En la actualidad, el país se ha convertido en el principal actor del mercado mundial de aceite de oliva que presenta una tendencia creciente en cuanto a su consumo. Por todos los motivos aquí expuestos es por lo que a la hora de abordar el cultivo y la comercialización del aceite de oliva hay que ir mucho más allá de debates coyunturales sobre el precio para no confundirlo con el valor, incalculable, que supone para el mundo rural y la economía española.