La sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente son conceptos asentados en nuestra sociedad como un elemento clave a la hora de la gestión empresarial y de la decisión de compra. Por este motivo, la apuesta por los cultivos ecológicos y la trazabilidad de los productos se sitúan en la primera línea de prioridades de cualquier productor agrario.
En la actualidad, España se ha establecido como uno de los principales productores ecológicos por superficie de la Unión Europea. Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2021, la superficie destinada a la producción ecológica en el país superaba las 2.630.000 hectáreas, lo que supuso un aumento del 8% con respecto al año anterior.
Este incremento se hace más visible en la superficie dedicada a los cultivos permanentes, donde el olivar ha adquirido un gran protagonismo, aumentando el 16% las hectáreas dedicadas a este cultivo.

El mapa de los cultivos ecológicos en España
España se presenta como el primer país de Europa en superficie de cultivo ecológico, seguido de Francia e Italia. Desde hace tiempo, la Unión Europea tiene por objetivo impulsar la producción y el consumo de productos ecológicos y para ello ha desarrollado una política de impulso y promoción de este tipo de cultivos. Ahí se enmarca en el Plan de Acción para el desarrollo de la producción ecológica. Un plan basado en el Pacto Verde Europeo cuyo reto principal es que, en 2023, al menos el 25% de los terrenos agrícolas sean ecológicos.
La transición hacia la producción 100% ecológica es compleja, por este motivo, actualmente en España se está desarrollando el sistema de producción integrada. Se trata de sistemas agrícolas que utilizan al máximo mecanismos y recursos de producción naturales asegurando, a largo plazo, una agricultura sostenible, donde se introducen métodos químicos y biológicos de control que sean compatibles con las exigencias de la sociedad, la productividad agrícola y la protección del medio ambiente.
Dentro de este tipo de cultivos, el olivar gana cada año superficie en nuestro país, especialmente en Andalucía. Teniendo como base la normativa europea, poco a poco, los olivares tradicionales, en zonas con una orografía donde la mecanización resulta más compleja, se están transformando en ecológicos, lo que supone una diferenciación en calidad que les aporta una gran ventaja competitiva comercialmente. De manera paralela, se están desarrollando una plantaciones modernas y mecanizadas, , que mayoritariamente se enmarcan dentro del sistema de producción integrada.
Este tipo de sistema de producción integrada tiene como objetivo materializar el concepto de buenas prácticas agrícolas. Este concepto, bajo estricta supervisión técnica, se basa en cuestiones tales como la conservación del suelo y la biodiversidad; la optimización del uso del agua y la energía solar; la racionalización del empleo de productos fitosanitarios y fertilizantes; y la reducción de la contaminación.
Con todo ello, tal y como se recoge en las estadísticas de Producción Ecológica de 2021 publicadas por el Ministerio de Agricultura, el olivar ocupa algo más del 33% del total de la superficie agraria ecológica de España.
Andalucía, líder olivarero a nivel mundial
El olivar en Andalucía es uno de los cultivos mayoritarios, representado sólo esta comunidad un 40% aproximadamente de la producción mundial, y dentro de la superficie que se destina a la agricultura ecológica en el país, el olivar ecológico andaluz cuenta ya con un total de 117.380 hectáreas.
En este contexto, hay que destacar los olivares cordobeses, ya que lideran la extensión de este tipo de olivar tanto en Andalucía como en España. Córdoba es una provincia donde la extensión de olivar de montaña es bastante elevada, lo que ha propiciado una fuerte apuesta por el olivar ecológico, que se presenta como la mejor una buena alternativa para ganar en competitividad comercial.
El desarrollo de la cultura ecológica
La sociedad actual busca cada vez más en el mercado productos sanos y sostenibles, por este motivo, en España hay una clara tendencia al desarrollo de la cultura ecológica. Los consumidores, cada vez más concienciados, están dispuestos a pagar más por un producto que sea diferente al resto y que, además, se elabore dentro del sistema de producción ecológica o integrada, respetando el medio ambiente.
Los productos que se cultivan y producen de forma natural no ponen en riesgo el equilibrio del ecosistema y aportan un gran número de beneficios para el consumidor y la sociedad en general. Estos alimentos cuentan con un mayor valor nutricional, al no ser tratados con químicos o aditivos. De hecho, en el caso de los olivares ecológicos, se utilizan abonos no químicos para su cultivo, como el compost, el estiércol o las turbas. Abonos orgánicos que forman parte de la naturaleza y contribuyen a que el suelo sea más fértil.
Similares características presentan los cultivos de producción integrada. En este caso, se aplica la menor cantidad posible de productos químicos y sólo en momentos concretos. De esta forma, se garantiza el equilibrio entre la producción, el medio ambiente y el suministro de la alimentación a la población.