Que la pasada campaña 23/24 para el aceite de oliva ha sido de muy escasa producción, con costes de extraordinariamente elevados para los agricultores y por tanto con precios altos para el producto final, son hechos de sobra conocidos por todos. En este escenario, la incertidumbre respecto de la evolución de los precios desde el inicio de campaña ha sido también la nota dominante.

Concluida esta campaña, las reflexiones que pueden hacerse de lo ocurrido quizás puedan servir de aprendizaje para futuras campañas.

Se partía de un stock de enlace bajo, de 257.000 Tm, con unas predicciones de producción bastante cortas a nivel mundial, en España incluso más cortas de lo que luego fueron realmente. Esto dio lugar a que los precios más altos se dieran antes de los meses de febrero-marzo, previo a conocerse los datos finales de producción. En estos meses se superaron los 9 euros para los aceites de más calidad.

El incremento final de producción a nivel nacional, alcanzando las 852.550 Tm (con una previsión de unos 2,6 millones a nivel mundial) y las lluvias acaecidas durante la Semana Santa del 2024, relajaron un poco los precios, que se situaron en el entorno de los 6,50 €/kg.

Debido a que, pese a los precios, la demanda final ha sido capaz de absorber la escasa producción, los agricultores han podido, incluso con esa producción tan baja, hacer frente a los sobrecostes sufridos en todos sus insumos. Por otra parte, esto ha provocado que nos encontremos con un stock de enlace para la campaña 24/25 que va a ser el más corto desde hace mucho tiempo, rondando las escasas 200.000 Tm.

La previsible mejora en la producción española para la campaña 24/25, donde los más pesimistas hablan de un millón trescientas mil toneladas y los más optimistas algo más de millón y medio, está provocando una situación compleja para los que aún tienen existencias por vender con costes de producción muy elevados, ya que tendrán que aguantar hasta el último momento si no quieren sufrir pérdidas, con el riesgo de que la demanda se contenga y no logren dar salida a esos stocks antes de que lleguen los aceites frescos.

Dado ese bajo stock de enlace, es posible que los restos de la campaña 23/24, aceites ya viejos, se vendan por encima del precio a futuro de los aceites frescos, hasta que aparezcan en el mercado realmente estos últimos y se produzca el punto de inflexión.

Los precios a futuro marcan una ligera tendencia a la baja. La evolución de estos dependerá de la climatología que marcará definitivamente las expectativas de producción 24-25 a nivel nacional y mundial. La climatología en la primavera del 2025 será también un factor determinante de cara a los precios de la campaña 24/25, pues, en función de esta se empezará a descontar ya el déficit o exceso de producción previsible a medio plazo.

Una producción baja y unas condiciones climatológicas poco favorables harán mantener los precios a un nivel medio-alto. Si la producción está en la parte alta de la horquilla y las condiciones climatológicas son favorables, se pueden empezar a vivir situaciones de tensión en el mercado por precios bajos, con unos costes de producción que siguen disparados para todos en general y para el olivar tradicional en particular.

Como todos los años la incertidumbre está servida y hacer una buena gestión para la venta de la producción a lo largo de la campaña será un quebradero de cabeza para quienes se tengan que ocupar de ello.